El 10 de diciembre de 1896, fallecía el sueco Alfred Nobel – químico, ingeniero, inventor, fabricante de armas y padre de la dinamita-, dejando un legado que pervive hasta nuestros días: el Premio Nobel.

Fue en su testamento donde Alfred sentó las bases del certamen tal y como lo conocemos, cuyo objetivo era reconocer los méritos de las personas más excelentes en los campos de la física, la química, la fisiología, la medicina, la literatura, la paz y la economía. De esta forma, cada año desde 1901 (desde 1969 en el caso del Nobel de Economía), se celebra una exclusiva ceremonia para entregar el prestigioso galardón a los mejores expertos en las materias mencionadas de la mano del mismísimo Rey de Suecia (exceptuando el Nobel de la Paz, que se entrega en Oslo).

El Premio Nobel de Economía, dotado con diez millones de coronas suecas (más de un millón de euros), y cuya verdadera denominación es “Premio del Banco de Suecia en ciencias económicas en memoria de Alfred Nobel”, ha sido otorgado este año 2017 a Richard H. Thaler, por su aportación a la “economía del comportamiento”, o lo que es lo mismo, la aplicación de la psicología a la economía.

Se trata de la primera vez que una materia de naturaleza marcadamente lógica como son las Ciencias Económicas, aborda rasgos que, sistemáticamente, influyen en las decisiones que se toman en la economía. H. Thaler señala tres: la racionalidad limitada, la percepción de justicia, y la falta de autocontrol.

Así, desde los años 70 hasta la actualidad, se han premiado diferentes teorías y enfoques, siempre desde un prisma marcadamente empírico, algo alejado del componente emocional. Es el caso, por poner algún ejemplo, de Simon Kuznets, Premio Nobel de Economía en 1971, por sus interpretaciones sobre el crecimiento económico; Franco Modigliani, premiado en 1985 por sus análisis acerca del ahorro y los mercados financieros; Robert E. Lucas Jr., galardonado en 1995 por desarrollar la hipótesis de las expectativas racionales; o el más reciente reconocimiento a Paul Krugman en 2008, por su análisis de patrones comerciales y la localización de actividad económica.

Volviendo a H. Thaler, este nuevo enfoque psicológico, nos habla del comportamiento de empresas y particulares cuando se producen importantes cambios en la economía que no pueden controlar y sobre los que no tienen toda la información para tomar decisiones meditadas y lógicas sobre su situación. La investigación del economista demuestra que la reacción de los entes expuestos a este tipo de situación, es en muchos casos totalmente contraria de la esperada según las teorías económicas ortodoxas.

La Real Academia de Ciencias de Suecia en su cuenta de Twitter, publica un ejemplo de la racionalidad limitada basada en la impulsividad de las personas a la hora de tomar decisiones que afectan a su economía. En el tuit podemos ver un dibujo de una mujer preocupada al darse cuenta de que ha invertido todo su dinero en sus vacaciones, dejando vacío su patrimonio.

Podemos llegar a la conclusión de que Richard H. Thaler ha puesto por escrito la realidad que afecta a la economía tanto a pequeña como a gran escala: al final, las decisiones económicas son tomadas por personas, y no siempre impera la lógica en sus actuaciones.

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Comentarios

5

  • Me parece super interesante esta forma de abordar la economia… pues ademas a las personas que el dinero…lo ven siempre como algo contrario a du forma de ser les viene muy bien. Es una forma mas efectiva de llegar a alguien que lo ve todo desde un punto de vista demasiado artistico.gracias.

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    • Crédito y Caución

      Muchas gracias por tu comentario Patricia, efectivamente, la economía tiene variados enfoques y hay muchas maneras de comunicar sus efectos a diferentes públicos: lo racional no está reñido con las emociones.

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  • Un enfoque muy acertado en los tiempos que corren. Yo me pregunto si no es la propia dinámica de la economía actual la que limita cada vez más nuestro autocontrol y nos lleva a tomar decisiones poco racionales. Para mí son dos factores los que pueden condicionar esa respuesta racional y meditada: el exceso de información no siempre de calidad, y la necesidad de tomar decisiones en tiempos cada vez más reducidos.

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  • Creo que hay un error en el encabezamiento, se habla de 1833 como la fecha de fallecimiento de Alfred Nobel y creo que esa es la fecha de su nacimiento.

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    • Crédito y Caución

      Hola Jesús, muchas gracias por tu comentario. Efectivamente, Alfred Nobel nació el 21 de octubre de 1833 y murió el 10 de diciembre de 1896. Ya lo hemos cambiado. Un cordial saludo.

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