La digitalización es uno de los principales retos de las grandes ciudades en todo el mundo. Esta revolución ya implica a empresas, organismos e incluso a los propios ciudadanos. Son muchas las urbes que están realizando grandes inversiones para convertirse en un smart city. La empresa IDC, Global Retail Insights, reveló en noviembre de 2018 que las 50 mayores ciudades del planeta dedicarían, en 2019, 81.000 millones de dólares a la inversión en tecnologías enfocadas al desarrollo de una smart city.

Algunas de los ámbitos en los que las ciudades están tratando de enfocarse a la hora de integrar las nuevas tecnologías son el área de gobierno, para lograr una mayor transparencia y mejor comunicación con otros núcleos urbanos; el área financiera, de seguridad y legal, con el objetivo de tomar decisiones optimizadas mediante el uso de análisis big data e inteligencia artificial, y el área de educación, para concienciar y transmitir a los ciudadanos la importancia de integrar las nuevas tecnologías en su día a día para impulsar el desarrollo tecnológico de su ciudad.

Otro de los campos hacia el que los gobiernos se están enfocando tecnológicamente es la movilidad. “La movilidad es uno de los temas clave a los que se enfrentan las ciudades, el reto es diseñar sistemas de transporte más sostenibles que sean capaces de cubrir las necesidades de todos los ciudadanos”, explica Ugo Valenti, director de la Smart Mobility Congress, celebrado en Barcelona el pasado mes de noviembre. Además, el IoT y el Blockchain continuarán ganando protagonismo en los próximos años. Para lograr todos estos objetivos será necesario que las ciudades realicen importantes inversiones en infraestructuras y herramientas tecnológicas.

Aunque todos estos avances se integrarán de forma progresiva, la semilla de las smart cities ya se encuentra en todas las ciudades desarrolladas del mundo. Se trata de los smartphones, dispositivos completamente indispensables en nuestro día a día. Los smartphones son el mejor sensor del que puede disponer una smart city, ya que es un acceso directo y continuo a los ciudadanos, a través de los teléfonos inteligentes las personas pueden interactuar con su ciudad, y a su vez, aportar información de gran utilidad. En línea con esto, resulta fundamental contar con la capacidad de analizar grandes volúmenes de datos.

Uno de los objetivos principales de una smart city es el uso de las nuevas tecnologías para lograr un óptimo aprovechamiento los recursos existentes, y, por tanto, un consumo más sostenible. El futuro de las ciudades está ligado a la tecnología, pero también a la sostenibilidad.  A día de hoy, Nueva York, Londres, Ámsterdam, Berlín, Melbourne, Estocolmo o Copenhague se posicionan como las ciudades más inteligentes del mundo.

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