“El seguro de crédito tiene una labor bastante “sorda” ya que, a excepción de las empresas exportadoras, se habla y escribe poco de él, pero está ahí y siempre es importante que funcione”. Iñigo de Barrón, corresponsal financiero en El País, nos habla sobre los retos de la economía española en un futuro próximo. Entrevista realizada por Javier Labiano.

¿Qué importancia tiene para cualquier ciudadano aumentar sus conocimientos económicos?

En la medida en que los ciudadanos vayan tomando conciencia de la importancia de tener conocimientos económicos, sobre todo en su trato diario con las entidades financieras, comprobarán que éstos son muy importantes en sus vidas y se ahorrarán muchos disgustos. Hay que potenciar mucho más la educación financiera, que empezó en España a partir del 2008 con la crisis, pero aún avanza de forma tímida, y hay que hacerlo desde el colegio.

En un momento de la vida todo el mundo tendrá una cuenta corriente, una tarjeta y un crédito de consumo o hipotecario; y debe saber cómo funcionan los tipos de interés, al menos lo suficiente para manejarse y hacer operaciones bancarias. Parte de lo que ha sucedido en la crisis ha ocurrido porque no se tenía esa cultura. Una vez que se dispone de ella, los bancos advierten de que detrás de una alta rentabilidad siempre hay un alto riesgo, todo el mundo lo debe saber y nadie se puede llevar a engaño.

Usted es autor del libro “El hundimiento de la banca”. ¿Puede resumirnos su tesis principal?

Quería dejar claro que en aquel momento había muchas señales de que el sistema financiero estaba mal. Se encontraba absolutamente metido en el negocio inmobiliario y algunas entidades contaban con una parte exagerada de él en proporción a su balance. Eso se supo y se conoció con antelación. Los primeros responsables fueron los gestores, pero también los supervisores.

Había cajas de ahorros, pero también bancos, con una proporción altísima, imposible de digerir, de ladrillo en el balance. Y se jugaban todo a una carta, a que llegase una recuperación vertiginosa. Pero la probabilidad de que llegara ésta después de la crisis de 2008 era muy escasa porque los problemas eran gravísimos y afectaban a toda la economía mundial.

Volvamos a la actualidad más reciente. El Plan de Acción Fintech de la Comisión Europea pretende fomentar un sector financiero más innovador y competitivo. ¿Cómo lo conseguirá?

Es un reto bastante grande. Por un lado, la Comisión Europea quiere hacer el sector más competitivo, pero por otro los supervisores quieren que haya fusiones de entidades. Y parece que si hay fusiones lo más probable es que disminuya la competencia. Además, las fusiones no son inter-europeas, por lo que no llegan bancos a Francia que no sean franceses, ni a Alemania que no sean alemanes, ni a España que no sean españoles. Por lo tanto, no veo nuevos competidores.

Pero sí veo nuevos competidores por el lado de la tecnología, que está haciendo que el sector se mueva. Hay dos ejemplos muy claros. Uno es el fenómeno de los pagos a través de la agenda del móvil. Ha sido un movimiento rapidísimo que ha hecho la banca para evitar que los competidores tecnológicos ocupen ese terreno. Y otro es el de las transferencias inmediatas, que se enmarca en el mismo contexto.

¿Cree entonces que el miedo a que algunas empresas tecnológicas le coman el terreno está provocando la modernización de la banca?

Sí. Creo que la evolución en innovación se está dando más por ese motivo que por la llegada de nuevas entidades bancarias al mercado. Es la reacción de los bancos ante la amenaza de las tecnológicas.

La digitalización mejora la eficiencia de los servicios financieros, pero también abre la puerta a nuevos riesgos. ¿Éstos pueden frenar el proceso?

El número de fraudes es bajísimo y, en este sentido, no creo que haya un temor excesivo al riesgo. Lo que hay es una desconfianza que se debe, en muchas ocasiones, al desconocimiento del medio. Pero creo que nadie puede decir que haya tenido experiencias terribles en internet, porque cuando las ha habido los bancos han reaccionado pagando en primer lugar e investigado después al defraudador, sin echar ninguna culpa al cliente.

Las grandes entidades financieras españolas tienen una importante presencia internacional. ¿Cree que pueden ser un ejemplo para que empresas de otros sectores también traspasen fronteras? 

Sí. El hecho de tener bancos con presencia fuera de España ayuda a que las empresas salgan también. Esto ya ha ocurrido en parte y prueba de ello es nuestro nivel de exportaciones, mucho más alto que nunca. Ya empieza a haber una clara internacionalización de la empresa y a esto ayuda mucho que haya bancos más allá de nuestras fronteras y acostumbrados a la financiación exterior.

En un reciente artículo, usted advertía de que donde el nuevo ministro de Economía de España, Román Escolano, deberá dar la talla política es en Bruselas. ¿A qué tendrá que enfrentarse?

Tiene por delante la mayor readaptación del euro a los nuevos tiempos. Y eso supone qué va a pasar cuando suban los tipos de interés, cómo van a subir, qué efectos tendrán y con qué mecanismos contará Europa para evitar la siguiente crisis. Todos los países tienen que dar sus recomendaciones y España deberá aportar las suyas. Es decir, si habrá unión bancaria de verdad, si se establecerá un fondo de garantía de depósitos europeo o no, si habrá realmente un criterio único sobre la morosidad de los bancos, si se va tratará de manera uniforme la normativa o si cada país seguirá considerando el tema de forma particular; y qué va a pasar con los bonos soberanos presentes en las carteras de los bancos.

En los temas del Eurogrupo, habrá que ver qué pasa teniendo en cuenta el relevo en el Banco Central Europeo en 2019, que va a cambiar bastante la situación. El norte de Europa tiene una tesis y una forma de ver el futuro euro, y el sur tiene que defender otra, que sea inclusiva y que los cambios en los tipos de interés y en unión bancaria no nos perjudiquen.

¿Qué sabe del seguro de crédito y del papel que ha jugado en la crisis?

Creo que el seguro de crédito tiene una labor bastante “sorda” ya que, a excepción de las empresas exportadoras, se habla y escribe poco de él, pero está ahí y siempre es importante que funcione. Se da por hecho que tiene que existir y yo creo que ha funcionado bien en estos años de tirón exportador.

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