“La estructura de nuestras exportaciones revela que somos capaces de producir bienes y servicios con una complejidad relativa elevada, solo disponible para las economías más avanzadas”. Rafael Domenech, economista jefe de España y Europa del BBVA y catedrático de Fundamentos del Análisis Económico de la Universidad de Valencia, nos habla de la situación económica en España y de su presencia actual en mercados exteriores. Entrevista realizada por Javier Labiano.

Desde su incorporación en 2009 como responsable de Análisis Macroeconómico de BBVA Research, usted ha podido seguir muy de cerca la evolución de la última crisis. A su juicio, ¿cuáles fueron los peores momentos?

Al tratarse de una doble crisis, los peores momentos fueron primero a finales de 2008 y principios de 2009 y, posteriormente, a finales de 2011 y primer semestre de 2012. La primera crisis lo fue por desequilibrios acumulados, la crisis financiera internacional, la contracción del comercio internacional y la fuerte destrucción de empleo, con un mercado de trabajo rígido, en el que el ajuste no solo no se hizo mediante la flexibilidad de salarios y jornada de trabajo, sino que al contrario se trató de incrementar la demanda mediante el aumento del gasto público y de los salarios.

Estas medidas terminaron siendo contraproducentes. La crisis de deuda posterior, el aumento de la prima de riesgo, la insostenibilidad de las cuentas públicas y la tardía reestructuración del sistema bancario en 2011 y principios de 2012 demostraron que las políticas debían haber sido diferentes en la primera parte de la crisis.

¿Qué motores deben tirar ahora con más fuerza de la recuperación en España?

La economía española tiene un sistema productivo muy diversificado y con un elevado potencial. La estructura de nuestras exportaciones revela que somos capaces de producir bienes y servicios con una complejidad relativa elevada, solo disponible para las economías más avanzadas. Dada esta diversificación, el reto es crear un entorno económico, regulatorio e institucional estable y atractivo, que sea capaz de retener y atraer todo tipo de capital físico productivo, humano y tecnológico.

¿Qué reformas quedan por llevar a cabo en Europa?

La eurozona ha avanzado más de lo que se esperaba con la unión bancaria, la mayor integración fiscal y un mejor seguimiento de los desequilibrios macroeconómicos. Pero todavía queda mucho por hacer, como indica la hoja de ruta que la propia Comisión Europea ha publicado recientemente para alcanzar una Unión Monetaria y Económica mucho más integrada y preparada para gestionar crisis futuras.

Hay que completar la unión bancaria (con un fondo de garantía de depósitos común y con backstops públicos, también para el fondo resolución), progresar en la unión del mercado de capitales, avanzar hacia una unión fiscal (con mecanismos que permitan que el objetivo de reducción de riesgos en cada estado miembro vaya acompañado de una mayor mutualización), desarrollar un activo seguro a nivel europeo (con ESBies bien diseñados que sean un paso previo hacia los Eurobonos) y reformas institucionales que faciliten la coordinación de las políticas económicas.

¿En qué ha cambiado la posición de nuestro país con respecto al resto del continente?

La crisis dañó la imagen de la economía española ante el resto de Europa, pero con la recuperación económica poco a poco ha ido mejorando nuestra posición internacional. La economía española lleva creciendo más de cuatro años por encima de Europa y ganando competitividad. El PIB per cápita ha recuperado el nivel de 2007, al igual que la inversión en bienes de equipo. La inflación, los costes laborales unitarios y los márgenes se comportan mejor que en la eurozona. Las exportaciones han crecido más de un 30,6% respecto al nivel de 2007, en términos reales.

Frente al déficit exterior que llegó a alcanzar el 10% del PIB, la balanza por cuenta corriente muestra un superávit sostenido cercano al 2%. Al mismo tiempo que se mantienen este superávit se ha reducido la tasa de desempleo en más de 10 puntos porcentuales, lo que supone algo inédito en la economía española. Se han reducido muchos de los desequilibrios existentes (endeudamiento de hogares, empresas, restructuración bancaria, etc.).

El crecimiento económico ha permitido ir reduciendo el déficit público del 11,2% en 2009 al 3,1% de 2017, incluso con un aumento del consumo público per cápita (un 5% superior al de 2007) y tras un enorme esfuerzo por preservar los elementos más importantes del Estado del bienestar.

Usted ha apuntado la conveniencia de fomentar que las empresas ganen tamaño. ¿Cuál es la mejor manera de hacerlo?

La productividad y el tamaño de la empresa se determinan conjuntamente. Las empresas más productivas crecen más y las empresas más grandes pueden aprovechar economías de escala que hacen que sean más productivas. El reducido tamaño medio de la empresa española explica una parte muy importante (hasta un 75%) de la brecha de productividad con respecto a otros países.

Es importante generar incentivos y eliminar barreras de todo tipo, que afectan a la productividad y lastran que las empresas ganen tamaño, en el mercado de trabajo, en el mercado de capitales, en las regulaciones y clima empresarial, en la I+D+i y en el proceso de transformación tecnológica y digital.

¿Qué grado de internacionalización han conseguido ya las empresas españolas?

Un grado bastante aceptable y en línea con otras economías de la OCDE, pero con un grado de mejora también significativo. Nuestro sector exterior es muy diversificado, capaz de producir bienes y servicios relativamente complejos, y ha aguantado bastante bien la globalización y la incorporación de los países emergentes al comercio mundial.

Pero puede aumentar sus márgenes extensivos (más empresas) e intensivos (con mayor intensidad) de exportación. Dado el tamaño de la economía española y tomando como referencia otras economías europeas como Alemania, España podría aspirar a exportar entre un 50 y 60% del PIB, mejorar su posición en las cadenas mundiales de producción y su competitividad vía calidad.

¿Qué herramientas deben potenciar las empresas para aumentar aún más su presencia en los mercados extranjeros?

El capital humano para la internacionalización, la capacidad de gestión y dirección de empresas, la inteligencia económica, la innovación y la digitalización. En general, es necesario potenciar todas aquellas herramientas que son cruciales para mejorar la productividad y competitividad internacional. Los mercados extranjeros están sujetos a cambios permanentes, que nuestras empresas deben interiorizar.

¿Qué sabe del seguro de crédito y del papel que ha jugado en la crisis?

Creo que ha jugado un papel fundamental protegiendo a muchas empresas del riesgo de impago. En una crisis financiera tan intensa como la experimentada a partir de 2008, el seguro de crédito ha contribuido a garantizar la supervivencia de muchos proyectos empresariales.

 

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